Es alentador leer en The Chronicle of Higher Education que el gobierno mexicano ha planteado como una de sus prioridades la del crecimiento de su sistema de educación superior. Tal y como lo indica Rodolfo Tuirán, Subsecretario de Educación Superior, en la entrevista concedida a la corresponsal del Chronicle, Marion Lloyd, dentro de los próximos 20 años se espera que el gobierno mexicano logre que la tasa de cobertura del grupo de edad para estudios universitarios se incremente del 29 por ciento actual a un ambicioso 65 por ciento. Rodolfo Tuirán también reconoció que la movilidad estudiantil internacional continúa siendo un reto principal que no ha sido atendido de manera adecuada en México.
Un buen comienzo de solución del problema es el reconocimiento abierto de que éste existe. En el pasado tal realidad no se reconocía por parte del gobierno. En contraste, era común escuchar a los funcionarios gubernamentales decir que dada la necesidad de atender otros retos más importantes, la educación superior y la movilidad internacional de estudiantes no eran considerados como temas prioritarios. Esa no parece ser la opinión del gobierno en turno.
No obstante, el más importante funcionario de la educación superior del gobierno mexicano solo se refirió brevemente a otros retos igualmente importantes que enfrenta México, tales como la necesidad de lograr un mejoramiento integral de la calidad del sistema de educación superior. Aunque se ha estado ampliando el acceso a la educación superior, esto ha provocado que el gobierno y los líderes institucionales ahora enfrenten el reto de mantener y mejorar la calidad de las instituciones y de sus ofertas académicas. Una interrogante importante es cómo reconocer si una institución es de calidad o no. ¿Es acaso cierto que las instituciones particulares de educación superior de élite o que las principales universidades públicas son mejores que las instituciones de reciente creación?, ¿es correcto que el gobierno – como vía para ampliar el acceso a la educación superior de manera rápida – ha relajado sus medidas de control de calidad permitiendo con ello la proliferación de universidades particulares de baja calidad (conocidas popularmente en México como universidades patito)?. La respuesta gubernamental e institucional se ha centrado en el fortalecimiento del recientemente creado Consejo Nacional para la Acreditación de la Educación Superior (COPAES) pero es aún largo el terreno por recorrer para asegurar la calidad de todas las instituciones y de sus ofertas académicas
Por otra parte, hay poca discusión en México – y ciertamente en los círculos gubernamentales – acerca de la necesidad de contar con una mayor flexibilidad en la oferta académica de las instituciones. México y otros países de América Latina son conocidos por la extrema rigidez imperante en la mayoría de los planes de estudio. Durante mis estudios de licenciatura en México me gustaba hacer mofa de esto cuando decía que mis estudios se habían reducido a 52 cursos obligatorios de Administración Agropecuaria, eso sí, con dos materias optativas las cuales se intitulaban “Temas selectos de Administración Agropecuaria”. Aunque esto es una exageración lo que sí es cierto es que en mis estudios universitarios teníamos una alta concentración de materias y contenidos sobre el mismo tema. Un problema asociado a la rigidez disciplinar es el referente a la eficiencia del curriculum. La carga de cursos requeridos para obtener el título de licenciatura es mucho mayor que la imperante en el contexto internacional. Por ejemplo, un grado similar en los Estados Unidos – el de Bachelor- requiere un 30 por ciento menos de cursos que en México.
Pero vale la pena reflexionar si toda esta reflexión tiene alguna relación relevante con los Estados Unidos. Primero que nada es importante reconocer que, a pesar de todo el “ruido” generado por políticos al hacer del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) lo que Robert Pastor se refiere a la “piñata” a la que hay que culpar por todo lo malo que sucede en los Estados Unidos, la realidad es que desde que este acuerdo comercial entró en vigor en 1994, la integración económica regional se ha acelerado dramáticamente. Actualmente México es el tercer socio comercial de los Estados Unidos después de Canadá y China, en tanto que para México, con mucho, los Estados Unidos son su principal socio comercial. De acuerdo con un reporte publicado por the Wilson Center, el nivel de comercio total entre México y los Estados Unidos se ha incrementado en cerca del 300 por ciento desde la firma del TLCAN.
Le guste o no, a los Estados Unidos le conviene tener un vecino próspero en el que existan mejores oportunidades para los mexicanos que, consecuentemente, se traduzcan en una mejor calidad de vida para sus habitantes. La educación superior, por cierto, tiene y tendrá un papel crucial en el logro de esta aspiración.



