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Internacionalización de la educación superior: lo bueno, lo malo y lo inesperado

Quienes estamos involucrados en la internacionalización de la educación superior partimos de una serie de supuestos que usualmente no están debidamente apoyados por datos fidedignos o evidencias que vayan mas allá de lo anecdótico. Por ejemplo, solemos pregonar que la internacionalización no sólo es positiva, sino además que se ha convertido en un componente clave en el cambiante paisaje de la educación superior.  Cuando se nos cuestiona sobre la importancia de la internacionalización, solemos estar preparados para recitar “en automático” una lista con lo que percibimos que son los beneficios para los estudiantes, los profesores, las instituciones y la sociedad en su conjunto. Bueno, mal haríamos si no fuese así, pues al final de cuentas si no somos nosotros mismos quienes podamos defender nuestra causa (y nuestro trabajo), ¿entonces quién lo haría?. Asumimos, en resumen, que la internacionalización es buena, pero usualmente no contamos con los datos que apoyen nuestros supuestos. Tampoco solemos pensar mucho en el hecho de que hay razonamientos diferentes en cuanto al por qué, cómo y con qué fines una institución e, inclusive, una región en su conjunto, decide poner en marcha un esfuerzo de internacionalización. Cuando menos, eso es precisamente lo que revelan datos dados a conocer recientemente por la Asociación Internacional de Universidades (IAU) con sede en París.

Partiendo de la base de que “todo depende de” y de que el contexto es más importante que nunca, es especialmente interesante hacer una breve revisión de la Tercera Encuesta Global sobre Internacionalización de la Educación Superior que acaba de publicarse por la IAU. Esta encuesta es la más grande de su tipo a nivel mundial dado que incluye las respuestas de 745 instituciones en 115 países. Para propósitos de análisis, los resultados fueron agrupados por los autores en las siguientes regiones: Africa, Asia-Pacífico, Europa, América Latina y Caribe, Medio Oriente y América del Norte (Estados Unidos y Canadá). Aunque la Encuesta ya se encuentra en su tercera edición, aún tiene limitaciones que afortunadamente han sido explicadas en el documento, por las que hay que tomar los resultados con precaución. No obstante, a pesar de tales limitaciones, la encuesta aporta datos útiles sobre las tendencias en la educación superior internacional no sólo a nivel global sino también en el ámbito regional. Aun corriendo el riesgo de caer en generalizaciones, menciono algunas de estas tendencias.

Aunque estoy familiarizado con el diseño de la encuesta dado que el CONAHEC aportó a la IAU ayuda técnica en su manejo, debo confesar que algunos resultados son intrigantes. Por ejemplo, ¿los lectores creerían que la educación internacional ya no es vista como una fuente alternativa de recursos financieros para las instituciones?, ¿o que las instituciones de educación superior en América del Norte que participaron en la encuesta no vieron la internacionalización como una vía para la búsqueda de la cooperación internacional y la solidaridad?, ¿o que ninguna de las regiones del mundo considera a América Latina como una región de prioridad en su política de internacionalización? (eso duele), ¿o que, en contra del discurso cotidiano, los docentes no son vistos como el impulsor más importante de la internacionalización al interior de las instituciones?.

Ciertamente algunas de las respuestas eran obvias y fueron consistentes entre todas las regiones. No sorprende, por ejemplo, observar que el  limitado financiamiento es identificado en todas las regiones e instituciones como el principal obstáculo para la internacionalización. (Bueno, al menos hemos logrado un consenso en reconocer que, como se dice en mi pueblo, Ojuelos de Jalisco, “con dinero baila el perro…y sin dinero bailamos como perros”). También la encuesta confirma que la internacionalización es ahora vista como algo importante en la mayoría de las instituciones de educación superior participantes. (¡Vaya. Estamos progresando!). A nivel mundial la mayoría de las instituciones le dan una alta importancia a la internacionalización, encontrándose Europa a la cabeza seguida por América del Norte. El Medio Oriente y América Latina son las que menos importancia brindan a la internacionalización.

En donde existen significativas diferencias regionales no es en la queja por la falta de recursos financieros adecuados o en el grado de importancia que se da a la internacionalización, sino en las razones por las que se impulsa la internacionalización. A nivel mundial, las cinco principales razones para la internacionalización de una institución educativa fueron, en orden de importancia, (1) mejorar la preparación de los estudiantes, (2) internacionalizar el plan de estudios, (3) mejorar el perfil internacional de la institución, (4) fortalecer la investigación y la generación de conocimiento y, finalmente, (5) diversificar la planta académica y de soporte de la institución.  Sin embargo, al analizar la información por regiones, surgen variaciones interesantes que vale la pena mencionar. Por ejemplo, tanto la región de América del Norte como la de América Latina le dan mucho mayor importancia a la preparación de los estudiantes que los europeos. Por su parte, las instituciones en Africa consideran más importante el fortalecimiento de la investigación y la generación de conocimiento. El Medio Oriente le asigna la misma importancia a la preparación de los estudiantes y al fortalecimiento de la investigación.
Asimismo, los resultados de la encuesta de IAU sugieren que las instituciones de educación superior de América del Norte no se encuentran tan preocupadas con la noción de mejorar su perfil internacional. Para ellas, este factor fue colocado en un distante cuarto lugar en cuanto al grado de importancia para la internacionalización, lo cual contrasta con, por ejemplo, el caso europeo en el que se le da el segundo lugar de importancia. Me pregunto si esto puede explicarse por la tendencia a la insularidad o a cierto grado de egocentrismo prevalente en la región sobre su estatus en el mundo de la educación superior. Sorpresivamente, todas las regiones le dieron una importancia muy baja a los factores de “diversificar las fuentes de ingresos institucionales” y de “responder a políticas públicas”, como razonamientos para la internacionalización. ¿Qué acaso estaremos siendo “políticamente correctos”?

Cuando los encuestados respondieron a la pregunta sobre los beneficios de la internacionalización, las tres razones más importantes enlistadas a nivel global fueron, en general, las de (1) incrementar la concientización internacional de los estudiantes, (2) fortalecer la investigación y la producción de conocimiento y, finalmente, (3) propiciar la cooperación internacional y la solidaridad. La nota discordante en este tema fue la región de América del Norte en la que el tema de “cooperación internacional y solidaridad” no se consideró tan benéfico como en otras regiones. De hecho, este factor quedó ubicado en un preocupante 5º lugar de importancia.

Con relación a la pregunta sobre quién o quiénes son los promotores más importantes de la internacionalización al interior de las instituciones, en general las instituciones de todas las regiones coincidieron en identificar a los Rectores o su equivalente, seguidos por la Oficina de Asuntos Internacionales. Los académicos fueron ubicados en un distante tercer lugar de importancia. Esto es interesante si se considera que cotidianamente cuando escuchamos a los rectores y a los funcionarios universitarios hablar de la internacionalización suelen señalar que los académicos son los más importantes “campeones” de la internacionalización. Me pregunto si esto es sólo algo retórico.
Otro resultado intrigante de la Encuesta de la IAU tiene que ver con el asunto de las regiones geográficas del mundo en las que las instituciones de educación superior están enfocando sus energías y su interés en materia de internacionalización. Los resultados agregados  muestran que no ha habido cambios significativos en los últimos cinco años. Y el ganador es…. ¡Europa!. No ha sido la región de Asia-Pacífico la de mayor interés, la cual se encuentra en segundo lugar. La medalla de bronce es para América del Norte.

Sin embargo, el análisis por región debiera ser motivo de un análisis más profundo y de preocupación para los formuladores de políticas en algunas partes del mundo. Por ejemplo, para la región de Asia-Pacífico su primera prioridad geográfica para las políticas de internacionalización es precisamente la misma región Asia-Pacífico, seguida por Europa. De manera similar, para las instituciones europeas su principal prioridad geográfica para la internacionalización es Europa, seguida por la región Asia-Pacífico. Para América del Norte su principal prioridad geográfica es Asia-Pacífico, seguida por Europa. Por su parte, América Latina y el Medio Oriente consideran a Europa como la principal prioridad regional.

Tristemente, Africa es considerado como prioridad geográfica de la internacionalización solamente por las mismas instituciones africanas. Pero es aún más lamentable que la región de América Latina no es considerada por ninguna de las otras regiones del mundo como una de sus tres principales prioridades geográficas para la internacionalización. Ni siquiera es vista como prioridad por las mismas instituciones de América Latina. En este sentido, me parece que si una región del mundo –en este caso la de América Latina- se encuentra fuera del radar de los educadores internacionales en el mundo, esto debería ser considerado como una buena llamada de alerta.

Así podría seguir analizando los resultados de la Encuesta de IAU pero, en lugar de ello, invito a mis tres lectores a que lean el reporte y a que obtengan sus propias conclusiones. Como se indica en el capítulo final de la Encuesta, no cabe duda que el campo de la educación superior internacional está cambiando mucho más de lo que nos imaginamos o de lo que podríamos haber anticipado. Tal parece que los “lentes” tradicionales con los que hemos visto este campo ya no nos permiten ver con claridad este nuevo panorama. Tal vez es tiempo de ir al oculista.

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